Entrenamiento con electroestimulación, ¿sí o no?


“20 minutos equivalen a 8 horas de entrenamiento”. Esta es la carta de presentación de los “chalecos de electroestimulación” que veo proliferar cada día en mis alrededores. ¿Te imaginas comiendo 8 almuerzos en 20 minutos y que eso suponga los almuerzos de los próximos 8 días? Por suerte o por desgracia el cuerpo humano no funciona así. La diferencia es que cuando comes a esas escalas notas el empacho inmediatamente y entrenando lo nota tu cuerpo por dentro, eso cuando no te lesionas durante la sesión.


He dado muchas vueltas a este texto para dar una opinión sin ofender a nadie, aunque reconozco que me ha costado. El entrenamiento con electroestimulación, como podrás leer en los cientos de artículos publicados en internet, ha dado muchos quebraderos de cabeza a los profesionales de la actividad física. Unos defienden las ganancias de fuerza, otros lo consideran perjudicial, por eso lo más fácil es acudir a la ciencia y ver qué ocurre realmente.


Acudimos a Eric R. Kandell (Premio Nobel, 2000) y sus Principios de Neurociencia. Cuando nuestro cerebro planea una acción que requiere contracciones musculares, se produce un impulso nervioso “eléctrico” que va desde el sistema nervioso (S.N.) hasta el músculo (sistema neuromuscular), el cual estimulará su función contráctil. La intensidad de este impulso es la que va a determinar el nivel de fuerza que se ejercerá. No será igual si vamos a coger una copa de vino que si vamos a tirar de una cuerda con todas nuestras fuerzas. La regulación de ese impulso la determinará nuestro S.N. en base a un aprendizaje motor previo.


Llamemos como llamemos a nuestros entrenamientos (crossfit, pilates, funcional,…) siempre conlleva una negociación de fuerzas y el objetivo último es la mejora de la coordinación intermuscular para conseguir un objetivo. Esto depende fundamentalmente de ese aprendizaje motor que llevamos a cabo en cada entrenamiento y las adaptaciones que conlleva. Enseñamos a nuestro S.N. a regular cada contracción de una manera determinada para alcanzar un objetivo. Lo enseñamos a determinar qué potencial de acción es necesario que llegue a cada haz muscular para realizar el movimiento adecuado.


Pues aquí nos encontramos el primer problema. Lo que queremos es mejorar la función del cuerpo y lo que conseguimos es dificultar enormemente este aprendizaje hasta el punto de obtener el resultado contrario. Pensemos en una flexión de codo por poner un ejemplo sencillo. Cogemos una mancuerna y queremos elevarla flexionando el codo. Nuestro S.N. se pone en marcha: envía señales de contracción de una determinada intensidad a los flexores del codo (ajustada al peso de la mancuerna); al mismo tiempo envía señales inhibitorias a los extensores del codo para permitir el movimiento de flexión; además envía señales a los músculos del hombro y escápulas para estabilizar su posición y de la muñeca para mantener su posición neutral; al mismo tiempo envía señales a los erectores de la columna, extensores de cadera, rodilla y hasta a los músculos del tobillo para mantener la bipedestación. Como el trabajo que debe realizar es poco, nosotros encima le metemos indiscriminadamente impulsos eléctricos extra, sin tener en cuenta que cada haz de fibras se estimula con un potencial de acción determinado (ley del todo o nada de las fibras musculares), sin tener en cuenta el estrés que esto genera en el S.N. cuya función es regular la acción muscular frente a un agente externo que no puede controlar. El objetivo principal de aprendizaje motor para llegar a realizar movimientos adecuados del que hablamos anteriormente no puede cumplirse en estas condiciones. La regulación del movimiento a través del S.N se ve alterada. En consecuencia, el riesgo de lesión es considerablemente mayor.


El segundo problema que encontramos se produce a nivel metabólico. El estrés al que es sometido el cuerpo en una sesión de Electroestimulación Corporal Global tipo, genera respuestas metabólicas inusuales de la práctica deportiva convencional. Pongo especial atención al aumento excesivo de los niveles de cortisol (“hormona del estrés”) y sus consecuencias negativas sobre el cuerpo: depresión inmunológica, hipertensión, propensión a infecciones, taquicardia, insomnio, etc.


Para terminar quiero hacer referencia a Nicola A. Maffiuletti, uno de los mayores expertos que existen en electroestimulación, quién a través de mis amigos de WorldTFitness afirma que los impulsos eléctricos que produce el traje, no solo contraen de forma involuntaria los músculos, sino también los órganos que se encuentran en el mismo área, pudiendo acentuar patologías ya existentes en órganos vitales como corazón, intestinos, etc.


Con todo esto no quiero decir que el entrenamiento con electroestimulación sea perjudicial en todos los casos. El campeón del mundo de comer perritos calientes puede comerse 30 perritos y no sufrir daños visibles, pero si una persona normal lo intenta, su salud se verá afectada. Quiero decir que probablemente esta herramienta de entrenamiento pueda ser útil para profesionales del deporte que necesitan estímulos nuevos en los que su S.N. tenga que aprender a reajustarse ante situaciones de alto estrés similares a la competición. Pero en los no profesionales, o sea, en la gran mayoría ¿vale la pena conociendo las consecuencias? Siempre me gusta decir: cuida tu cuerpo como si fueras a pasar en él el resto de tu vida.


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